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Bitácora

El problema de fondo: reconocer el mismo producto

Cuatro supermercados, cada uno con su forma de nombrar y empacar lo mismo. La historia del hallazgo más difícil de Nada Menos, y de un catálogo que se rompió una vez.

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Este es el corazón del proyecto, y el hito con más historia detrás. Cuatro supermercados distintos, cada uno con su propia forma de nombrar, fotografiar y empacar los mismos productos. Un six-pack de agua de un litro y una caja de doce botellas de medio litro no son “el mismo producto” en volumen total, aunque el precio por litro sí se pueda comparar entre ambos. Un “pack de 3” a veces son tres unidades sueltas y a veces es una sola unidad más grande que junta tres. Y alguien que busca “leche piamonte” espera ver las presentaciones reales que existen — seis, siete — no una fila distinta por cada forma en que cada tienda escribió el nombre en su propio catálogo.

Fueron semanas de encontrarle la vuelta, con más de un intento que hubo que descartar por completo cuando el resultado no se sostenía a escala. Hubo un momento, ya entrada esta etapa, en que una regla que parecía razonable en los casos pequeños dejó de serlo en los miles de productos reales del catálogo — y el catálogo entero se corrompió por un rato. Fue la primera vez que el proyecto se topó de frente con algo que toda esta forma de construir tiene que aprender tarde o temprano: lo que se ve bien en tres ejemplos no prueba nada sobre los diez mil casos que uno no miró.

De ahí salió una disciplina que se quedó para siempre: medir con cifras duras antes de dar un cambio por bueno, nunca confiar solo en que “se ve bien”.

Con el catálogo reconociendo sus propios productos de forma confiable, el siguiente problema era otro: de qué sirve saber que algo es más barato en otra tienda, si el viaje extra para conseguirlo cuesta más de lo que ahorras.