Lo que se saca
Sacar el mercado mayorista del producto, simplificar la portada y los carritos, y sumar a la Bolsa como mascota. Una semana de decisiones sobre qué dejar afuera.
LeerLo que voy construyendo con productos, agentes de IA y datos: las decisiones, los costos y los aprendizajes que deja cada intento.
Sacar el mercado mayorista del producto, simplificar la portada y los carritos, y sumar a la Bolsa como mascota. Una semana de decisiones sobre qué dejar afuera.
LeerQuien escribe «leche» no busca una marca. Convertir lo genérico en una ficha propia, con cientos de productos que había que separar sin mezclar lo que no debía.
LeerCien recetas de cocina peruana con medidas de casa —tazas, cucharadas, dientes de ajo— y una semana que se arma sola con un toque.
LeerLo que planeé en papel se construyó pantalla por pantalla y pasó por una revisión masiva. Lo más difícil fue decidir qué de todo lo que había quedaba fuera.
LeerJuzgar si dos productos son el mismo, caso por caso, no escala. Incorporé un servicio externo que resuelve los casos claros solo, y reservo el juicio más caro para lo que de verdad discrepa.
LeerAntes de rediseñar, estudié decenas de apps reales para entender qué funciona de verdad. Después vino la parte difícil: decidir qué de todo eso era Nada Menos.
LeerBebés, mascotas, licores y belleza entran al catálogo. Y una tanda de arreglos chicos en la lista de compras — quitar, deshacer, dónde agregar — que juntos se sienten grandes.
LeerPara mejorar el producto necesito saber qué usa la gente y qué no. Construir esa medición sin guardar lo que alguien escribió ni quién es.
LeerÍcono propio, entrar con Google dentro de la app, y un escáner que responde «¿dónde está más barato?» con la cámara. Probado en un celular de verdad.
LeerAlgunas tiendas cobran distinto según la tarjeta o la membresía. Ignorar eso hacía que el precio más barato que mostrábamos no fuera, en realidad, el más barato.
LeerSi el producto va a salir a decir todos los días dónde está más barato, primero tiene que tener razón. Esta semana la dediqué a medir cuánto se equivoca.
LeerEl código de la interfaz había crecido rápido y todo mezclado. Antes de construir la app, cada pieza pasó a tener su propio nombre, su borde y su prueba.
LeerSeguían apareciendo fichas que eran el mismo producto contado dos veces. La disciplina de medir cada arreglo antes de darlo por bueno, llevada un paso más allá.
LeerNada Menos empieza a contar todos los días lo que bajó de precio, con una presentadora sintética propia. Lo difícil no fue generar el video.
LeerLa pregunta que faltaba era anterior a la lista de compras — qué cocinar. Mi semana es un planificador semanal pensado para quien organiza la comida de toda la familia.
LeerLos bugs que solo aparecen cuando gente de verdad usa el producto todos los días. Y la regla que adopté para que ninguno vuelva a pasar sin darse cuenta.
LeerTodo lo construido hasta acá vivía en una laptop. La historia del primer despliegue real, y de las sorpresas que solo aparecen cuando el tráfico entra de verdad.
LeerNada Menos adopta el sistema de diseño de Curaca. El quipu, el instrumento de cuerdas anudadas, se vuelve la metáfora central del gráfico de gastos.
LeerIr a tres tiendas para ahorrar cincuenta céntimos no es un ahorro, es una molestia. Cómo pensé el reparto de una lista larga entre varias tiendas.
LeerCuatro supermercados, cada uno con su forma de nombrar y empacar lo mismo. La historia del hallazgo más difícil de Nada Menos, y de un catálogo que se rompió una vez.
LeerUna lista de compras que solo vive en el navegador se pierde el día que cambias de celular. Pasar de demo a algo que alguien puede usar de verdad.
LeerLa primera versión de Nada Menos ya tenía que resolver algo nada trivial: que el mismo producto se llama distinto en cada supermercado.
LeerVeinte años vendiendo tecnología y ahora la construyo con un equipo de agentes de IA. Por qué dejo el rol comercial para volver a programar.
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