El rediseño llega
Lo que planeé en papel se construyó pantalla por pantalla y pasó por una revisión masiva. Lo más difícil fue decidir qué de todo lo que había quedaba fuera.
En la entrada anterior conté que había estudiado decenas de apps y dibujado el plan completo de la interfaz. Esta semana ese plan dejó de ser un documento y llegó a producción: la lista de compras, el buscador, los carritos, las ofertas, la semana, la portada. Todo con la misma forma en la web y en la app, que era la regla que más me importaba sostener.
Construirlo fue la parte rápida. Lo que tomó tiempo fue revisarlo. Cuando un rediseño toca todas las pantallas, cada arreglo puede romper algo en otra parte, y mirar pantalla por pantalla a mano no alcanza. Armé una revisión en paralelo —más de cien pasadas automáticas, cada una con su zona— que encontró casi cincuenta detalles: espacios que tocaban el borde de una tarjeta, un gráfico que había perdido un nudo, un botón que se quedaba pegado en el celular después de tocarlo. Ninguno era grave. Todos juntos eran la diferencia entre un producto terminado y uno que casi lo está.
De ahí me quedó una regla de trabajo que no esperaba: un hallazgo está cerrado cuando su receta de reproducción deja de fallar, no cuando alguien opina que “podría estar mejor”. Lo que la revisión encuentra de más va a una lista aparte para la siguiente pasada, no de vuelta al mismo bucle.
Con la cara nueva puesta, me tocó mirar lo que había detrás: qué de esa interfaz se sostenía en datos que todavía no eran del todo confiables.