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Bitácora

La app aprende a medir sin espiar

Para mejorar el producto necesito saber qué usa la gente y qué no. Construir esa medición sin guardar lo que alguien escribió ni quién es.

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Con la app ya funcionando de punta a punta, apareció una pregunta que no tiene una respuesta cómoda: para saber qué mejorar, necesito entender qué usa la gente y qué no — qué se busca, qué se abre, dónde se traba alguien. Pero medir eso mal es exactamente lo que uno le promete a la gente que no va a hacer cuando le dice que cuida su privacidad.

La regla que me puse fue simple de decir y más trabajosa de sostener: se puede saber que alguien buscó algo, nunca quién ni qué escribió exactamente si eso pudiera identificarlo. Quien pide no ser medido —la señal de “no rastrear” del navegador— simplemente no deja rastro, ni parcial. Lo que se guarda tiene una fecha de vencimiento real, no una promesa en un documento que nadie hace cumplir. Y todo esto tenía que sostenerse no solo en la demo tranquila de la laptop, sino con tráfico real llegando de golpe, sin perder eventos ni caerse.

Con eso funcionando, tocaba volver al catálogo: la lista de lo que Nada Menos compara todavía era más corta de lo que la gente compra en una semana real.