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Bitácora

Reordenar la casa antes de crecer

El código de la interfaz había crecido rápido y todo mezclado. Antes de construir la app, cada pieza pasó a tener su propio nombre, su borde y su prueba.

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Semanas de agregar funcionalidad rápido tienen un costo que no se ve hasta que llega la cuenta: el código de la interfaz había crecido todo mezclado, todo dependiendo un poco de todo. Funcionaba, pero cada cambio nuevo costaba más entender dónde tocar, y algo tan simple como probar una sola pieza sin levantar el resto se había vuelto imposible.

Le dediqué unos días completos a algo que no se nota en ninguna pantalla: partir ese código en piezas con nombre y frontera propia — una para el almacenamiento local, una para la sesión, una para cada pantalla — de modo que cada una se pueda entender, probar y documentar por separado, y que un cambio en una no obligue a revisar las otras diez. Es trabajo invisible para quien usa el producto, pero es el que hace posible construir rápido después sin que cada pieza nueva sea más frágil que la anterior.

No fue casualidad hacerlo justo ahora. Lo que seguía en la lista —llevar Nada Menos a algo que se instala en el celular, no solo a algo que se abre en el navegador— necesitaba una base ordenada debajo. Construir eso sobre el desorden anterior hubiera significado pagar el mismo costo de confusión, pero ahora en dos plataformas a la vez.